La Rifa de Canillas de Albaida

Existe en nuestro pueblo, una tradición navideña que lleva respirando el aire de la historia desde hace 140 años. La llaman la rifa, aunque quizás sería más justo nombrarla la subasta, que tiene su origen en la desgracia y la solidaridad. Corría el año 1884 cuando la tierra tembló con furia por un terremoto que tuvo su epicentro en Arenas del Rey, un municipio vecino de Granada,pero que afectó a nuestro pueblo, dejando a su paso un reguero de casas derrumbadas y vidas rotas. Fue entonces cuando los vecinos de Canillas, con esa mezcla de pragmatismo y corazón que caracteriza a la gente de nuestro pueblo, decidieron organizar una subasta para recaudar fondos y ayudar a los damnificados. Y así, como un acto de resistencia frente a la adversidad, nació esta costumbre que hoy sigue viva.

El 25 de diciembre, día de Navidad, el pueblo se llena de música y bullicio. Una pastoral formada por hombres y mujeres del lugar, armados con guitarras, laudes, panderos y bandurrias, recorre las calles de nuestro pueblo, visitando casa por casa, cantando el mismo estribillo que sus abuelos y bisabuelos entonaron antes que ellos:

A tu puerta llegan los pastores,
a tu puerta vamos a cantar,
a pedir el aguinaldo de Pascua
para el niño que ha nacido ya.

Se lleva una figura del niño Jesús, para bendecir cada casa que se visita. La gente, con esa mezcla de devoción y generosidad que solo se entiende en los pueblos, del cual somos un buen referente, entrega donativos. No se sabe cuánto dan, porque el dinero va a parar directamente a una talega que porta uno de los miembros de la comitiva. Y no solo dinero. También hay quien regala una gallina, un conejo, una calabaza, un cuadro, una caja de pasteles, una jaula, botellas de vino, una ristra de morcillas, un cordero, un muñeco, un burro, etc… La lista es tan variopinta como la vida misma, y cada objeto tiene su historia, su razón de ser.

Cuando cae la noche, la plaza de nuestro pueblo se convierte en el escenario de una subasta que es, a la vez, un espectáculo y una fiesta. No hay micrófonos, ni luces estridentes. Solo la voz del subastador, Antonio Luis Díaz Muñoz, que lleva más de 25 años al frente de esta tradición. Heredó el cargo de su abuelo, Antonio Díaz Pérez, quien a su vez lo recibió de su padre, y este de los suyos. Es una cadena que se remonta a los orígenes mismos de la rifa, y que habla de la importancia de mantener viva la memoria de un pueblo, en este caso del nuestro.

El dinero recaudado, tanto de los donativos como de la subasta, tiene un destino claro: sufragar parte de los gastos de la feria en honor a Nuestra Señora del Rosario, que se celebra el primer fin de semana de agosto. Es una forma de cerrar el círculo, de devolver a la comunidad lo que la comunidad ha dado.

Lo que empezó como un acto íntimo, casi familiar, ha traspasado fronteras gracias a las redes sociales y a la originalidad de la tradición. Hoy, no son solo los vecinos de Canillas los que participan en la rifa. Gente de otros pueblos, e incluso de poblaciones lejanas, se acerca para sumarse a la puja, para ser parte de algo que es, en el fondo, un homenaje a la solidaridad y a la resistencia.

Si quieres presenciar una subasta que no se parece a ninguna otra, si quieres sentir el latido de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces, el 25 de diciembre es tu día y Canillas de Albaida, tu lugar.

Aquí, entre risas, pujas y villancicos, la historia sigue viva, respirando en cada esquina, en cada verso, en cada moneda que cae en la talega